Una empresa no es una familia

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Cuando un directivo se refiere a su empresa como una “familia”, la mayor parte de las veces es por una buena intención.

 

Las empresas que buscan construir una cultura organizacional sólida, busca en sus empleados relaciones a largo plazo con un fuerte sentido de pertenencia: las mismas características de una familia.

 

Sin embargo, usar este término puede traer más problemas que beneficios.

 

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Padres que despiden a sus hijos

 

Imagina por un momento esta escena familiar justo después de sentarse a cenar:

 

Hijo, lo sentimos. Tu madre y yo hemos estado revisando tus índices de productividad escolar en estos últimos seis meses y concluimos que no estás rindiendo lo suficiente. Además, tu participación dentro del equipo de limpieza en la cocina ha mermado el último trimestre en comparación al trimestre anterior, lo que significa un incremento del 19% del tiempo que nosotros invertimos allí. Así que cómo no estás generando valor, estás despedido de la familia. Pero no te preocupes, allí está una carta de recomendación y te ayudaremos a reubicarte en una nueva familia”.

 

Extraño ¿verdad?

 

Pues exactamente lo mismo que ocurre cuando una empresa que se hace llamar familia, prescinde de los servicios de un empleado. Independientemente de lo bien justificado que esté el despido, el empleado se sentirá herido.

 

Siguiendo el ejemplo de Netflix

 

Una de las empresas pioneras en sugerir que el modelo de familia no es el más óptimo para los negocios es Netflix.

 

En su cultura dejan bastante claro que no funcionan cómo una familia sino como un equipo, justificado en que sus empleados no estarán por tiempo indefinido en la organización.

 

Para ilustrar su ejemplo, utiliza la metáfora de comparar una organización con cualquier equipo deportivo. En los deportes lo que importa es ganar y para ello debes garantizar que el equipo esté integrado por los mejores jugadores. Si un jugador no rinde lo suficiente y perjudica al equipo, este jugador es sustituido por otro.

 

La sustitución no ha impedido la construcción de una cultura alrededor de esos equipos ni ha evitado que sus jugadores sientan un fuerte sentido de identidad con ellos. Más que forzar la relación entre los jugadores, se entiende que estos deben unir sus esfuerzos para ganar, de la forma más armoniosa posible y que, en algún momento, ya no estarán en el equipo.

 

Esto no pasa en las familias. Las familias no intercambian miembros con el tiempo ni se juntan para una misión específica.


El problema de la tolerancia familiar

 

En una familia, si un miembro comete un error o actúa mal de forma reiterada, este sigue siendo parte de la familia. De hecho, corregirlo, amonestarlo o denunciarlo (en el caso de que esté haciendo algo ilegal) es menos probable que ocurra en entornos familiares.

 

Es más probable que las personas denuncien un crimen que no tiene que ver con nadie de tu familia a uno donde un familiar cercano esté directamente involucrado.

 

Una organización no se puede permitir este comportamiento y, a pesar de ello, ocurre. Es probable que dos compañeros muy cercanos y de mucha confianza se cubran las espaldas en el trabajo, si uno está haciendo algo incorrecto.

 

No se trata de prohibir las relaciones basadas en el afecto

 

Contrario a lo que puedas estar pensando luego de conocer las implicaciones de llamar a una empresa “familia”, no es correcto tampoco buscar que los empleados no construyan entre ellos relaciones de afecto tan o más fuertes de los que vemos en un hogar.

 

Son muchas las investigaciones que han demostrado el impacto positivo que tiene en el rendimiento de las personas, trabajar junto a otros a los que consideran más que simples compañeros. Desde el incremento de la satisfacción laboral, mejoras en su estado de ánimo y hasta reducción en los índices de rotación, son el resultado de estar en el lugar correcto, con las personas correctas.

 

Lo que es importante considerar, es que forzar a una organización a que funcione como una institución tan característica como la familia, puede tener un impacto negativo poco evidente en un principio. Pero que en algún momento se va a reflejar.

 

Así que cada vez que escuches que un directivo dice: “esta empresa es cómo una familia”, prepárate para que tus padres, en algún momento, te echen de tu propio hogar.


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